Su boca me desangró los labios, me mordió de la tanta excitación, la sangre corrió junto al buró que sostiene una lampara de goofie, éramos felices.
No quería perderla, no queria, busqué una solución, una solución que nunca llegó, que nunca esperé, era demasiado tarde, al fin lo había conseguido, había podido, tenerla toda para mi, para mi majestuoso festín.
Estaba de lo más nervioso, como podía ser posible que al fin lo pude haber conseguido, poder disfrutar la carne humana de la jóven que tanto me atraia, que tanto me gustaba, que tanto me apetecía. Mordí sus gluteos bajo un hipnotismo que estaba lleno de angustia y excitación, después de un rato me dolieron las mandubulas, la carne era muy dura. Pasé por su pubis, estaba en la cima del mundo, mi lengua acariciaba sus vellos, que uno a uno, me decía, deseo, no podia creeer lo delicioso que era para mi, lo mejor lo guardé para el final, corté su jugosa carne que derramaba sangre por doquier, me la ponia en la cara, la mordia, la saboreaba, corté sus ojos en pequeñas rebanadas que sabían a miel, a gloria.
La metí en una cazerola, dónde mi mamá hace los estófados más deliciosos, no cabía, no pude comerme ese gran banquete, no podia más, estaba satifecho, ahora tenía que desacerme de la huella, del crimen.
Me detuvieron, me vieron, me culparon, me llamron loco, insano, grotesco, basura, mierda. No sé por que,
si todos tenemos el deseo canibal hacia las demás personas, simplemente por el hecho de besarnos es una sensación de canibalismo, al simplemente morder y saborear a los otros por medio del beso, de la excitación.
Me llamaron loco, ma llamaron insano, me dieron la peor vida, pero áun así, lo volvería a hacer.
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